Ya casi es mañana

La fotografía ha tenido una vinculación estrecha con la ciudad. Desde sus orígenes, es posible trazar una genealogía de fotógrafos que se dedicaron a registrar los cambios y transformaciones que éstas fueron sufriendo a medida que su densidad demográfica aumentaba. Casos como el de Atget, por citar alguno, apuntaban su interés en hacer un registro de aquello que estaba próximo a su desaparición. Otros, lejos de toda nostalgia, depositaban en la fotografía su fascinación por el porvenir: el retrato de una ciudad futura, la imagen como creencia.

Podríamos inscribir a Manuel Fernández dentro de esta tradición. Sin embargo, en sus fotografías no hay actos de denuncia ni profecias de un mañana eminente. Fernández se mantiene escéptico, no emite juicio de valor. Su búsqueda se remite a un desplazamiento en la representación: Si en la tradición fotográfica la promesa de una ciudad moderna yacía en sus luces y monumentos, las Imágenes de Fernández se preguntan por la vigencia de esa promesa en la actualidad. ¿Como vislumbrar el futuro próximo? ¿qué expectativas se depositan en él?

El artista escapa del imaginario derrotista que acostumbran las películas de ciencia ficción. Por el contrario, recurre a la fotografía directa como gesto de veracidad. En la complejidad de esas imágenes se hace presente la tensión ontológica del referente: son huellas indiciarias de una realidad inexistente, el documento de una presunción. Fernández no fotografía fotografías, fotografía la promesa transformada en promoción, el fideicomiso como acto de fé.

Una ciudad en el orden de la fantasía. Un porvenir incesante. El futuro es especulación.

Francisco Medail